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Interessante nota de Gustavo Maurino ao expor criticamente as idéias de Ronald Dworkin e Carlos Santiago Nino sobre a interpretação do Direito. Enquanto Dworkin utiliza a metáfora do romance em cadeia, Nino se vale da metáfora da catedral. Vimos há tempos compartilhando esses entendimentos. Mas a nota de Gustavo Maurino nos chama a atenção para essa associação e incorporação que sempre fazemos: será que estamos todos aqui na América Latina, de fato, atuando para a construção da catedral ou para a escrita do romance em cadeia? 

 

“Las teorías de nuestros autores -al hablar de una “catedral”, de una “novela”, y del “derecho-, presuponen una (1) racionalidad, un (1) sentido implícito y articulador, en el juego, en la práctica (novela, catedral), que es lo que permite tratarlas como “una”. De hecho, por ejemplo, Dworkin expresa el sentido de la práctica del derecho en Law´s Empire de la manera más abstracta que puede. Sin embargo, creo que dicha racionalidad inmanente, presupuesta, implícita (en la idea de la palabra “catedral”, “novela”) no es, no resulta, predicable en nuestras prácticas; ni siquiera en el nivel más abstracto imaginable; en tanto todavía no pre-acordamos siquiera, si jugaremos al DERECHO COMO PRÁCTICA SOCIAL COOPERATIVA o al DERECHO COMO DOMINIO SOBRE LOS RECURSOS Y LAS VIDAS (o sea, catedral o tinglado).”

http://hablandobajo.blogspot.com.ar/2013/09/dworkin-y-nino-la-novela-y-la-catedral.html

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DWORKIN Y NINO (la novela y la catedral). EL PROBLEMITA INTERPRETATIVO

 
En estas semanas de invierno me choqué de frente con demasiados estímulos provenientes de la obra de Nino y Dworkin (seminarios, conferencias, presentaciones de libros)….Nadie puede sumergirse en esas aguas y no salir salpicado.
Así que, es tiempo ya de sacudirse algunas de esas impresiones que se van coagulando en el tiempo, casi aleatoriamente.
En este caso, se trata de una intuición que comenzó a formarse una tarde hace algunos años, cuando pasé una hora tomando mates, dedicado exclusivamente contemplar los mil rasgos de la bellísima Catedral de Aachen, en ese lindo pueblito de Alemania (http://whc.unesco.org/en/list/3).
Viéndola, viendo esa obra viva casi 800 años, uno comprende la perfección de la metáfora de Nino (como viendo Dr. House, o cualquier otra serie de TV con guionistas ocasionales, uno comprende la perfección de la metáfora de Dworkin).
La cosa es que por allí, a la media hora de contemplación, algo macabro se apareció ante mi vista, y mi alma. En unas pequeñas salientes en el techo, que claramente no eran tán antiguas, se habían colocado diversas águilas, con las alas desplegadas. No eran más de 4 o 5, pero fue solo verlas e imaginar la catedral en la época de los imperios del siglo XX, imaginarla tomada -administrada, cuidada- por los nazis, y sin pausa, imaginarla convertida en sitio ceremonial o celebratorio del Reich, transformada en ámbito pagano de exaltación del poder sin moral. Puede ser que tomar mate en Alemania tenga efectos peculiares; por qué no. Lo cierto es que allí, y luego de esa alucinación, una serie de asociaciones libres abríó una brecha que comenzó a romper la imagen de la catedral (de la novela).

Ahora, varios años (y discusiones) después, creo que puedo decir qué era lo que me parece problemático en ellas:

Como sabemos, Nino y Dworkin quieren interpretar (explicar, reconstruir) el DERECHO, como una práctica colectiva; y en ese marco usan los ejemplos. Y todo parece muy acertado, especialmente porque permite explicar -y contener en la práctica- los conflictos y desacuerdos morales/políticos/interpretativos desde EL PUNTO DE VISTA INTERNO, haciendo sentido de lo que (de cómo lo) hacen los jugadores, los participantes (“tienen y luchan por distintas concepciones sobre la novela, sobre la catedral”…cada uno pone un ladrillo, escribe un párrafo…etc.).

PEEEERO: LO QUE, CREO, NO CONSIGUEN CAPTAR SUS TEORÍAS (tán necesario de captar, poner en palabras, y aprender a domar) ES EL HECHO DE QUE EN NUESTRAS “PRÁCTICAS” -LAS LATINOAMERICANAS,por ejemplo- NO HAY, TAL VEZ, UNA CONVERGENCIA ACERCA DE QUE ESTEMOS CONSTRUYENDO UNA CATEDRAL -PARA ALGUNOS, SE TRATA DE HACER UN TINGLADO, tal vez, o de un centro de celebración del poder del reich- O ESCRIBIENDO UNA NOVELA -PARA ALGUNOS SE TRATA DE UNA ESCULTURA, quizás.

Las teorías de nuestros autores -al hablar de una “catedral”, de una “novela”, y del “derecho-, presuponen una (1) racionalidad, un (1) sentido implícito y articulador, en el juego, en la práctica (novela, catedral), que es lo que permite tratarlas como “una”.
De hecho, por ejemplo, Dworkin expresa el sentido de la práctica del derecho en Law´s Empire de la manera más abstracta que puede.
Sin embargo, creo que dicha racionalidad inmanente, presupuesta, implícita (en la idea de la palabra “catedral”, “novela”) no es, no resulta, predicable en nuestras prácticas; ni siquiera en el nivel más abstracto imaginable; en tanto todavía no pre-acordamos siquiera, si jugaremos al DERECHO COMO PRÁCTICA SOCIAL COOPERATIVA o al DERECHO COMO DOMINIO SOBRE LOS RECURSOS Y LAS VIDAS (o sea, catedral o tinglado).

EL PROBLEMA PUES, ES QUE NUESTROS COMPORTAMIENTOS, ESPECIALMENTE LOS INSTITUCIONALES, NO HAY UN MARCO INTERPRETATIVO (PRAGMÁTICO) COMÚN, PARA ORGANIZAR LA CONVERSACIÓN; TAL QUE SE PONGA ESTE NIVEL DE LOS CONFLICTOS Y DESACUERDOS COMO INTERNOS -O INTEPRETATIVOS- A LA PRÁCTICA.
no hay una (1) conversación (y no me digan que la conversación en sí es el marco…porque lo que les diría es que tampoco hay pre-acuerdos sobre cuál es el “sentido” de la conversación, ni “cómo se conversa”; algunos creen que mentir, matar, etc. es parte….y este punto ni siquiera es independiente del relativo a la práctica).

POR SUPUESTO, NO VEO MÁS ALTERNATIVA QUE COMPETIR, LUCHAR, POR CONSTRUIR EL CÓDIGO DE LA CONVERSACIÓN (imponer sentido/convencer en base a razones) Y DEFINIR LA PRÁCTICA DE QUE SE TRATA (novela/escultura; catedral/tinglado, cooperación/dominio).

LA COSA ES MÁS CLARA AÚN, cuando nos pensamos NO COMO CONSTRUCTORES, sino como ADMINISTRADORES del montón de ladrillos (que podemos llamar “montón de ladrillos”, “edificio”, “catedral/tinglado”; o como exhibidores, curadores del montón de hojas escritas (que podemos llamar “montón de hojas escritas”, “literatura/escultura”).

PERO AHÍ ES DONDE ESTAMOS…Y POR ESO NINO Y DWORKIN no nos sirven a “todos”. Porque presuponen demasiado (una catedral, una novela; cuando sólo tenemos acuerdo, si lo tenemos, en que hay “montón de ladrillos”, un “montón de hojas escritas”). Su marco conceptual sólo sirve dentro de un juego, que no está establecido…

Recuerdo a Martín Böhmer, quien una vez creo unos interesantes argumentos sobre las transformaciones de las casas chorizo en la vieja buenos aires (cuando reemplazaron el antiguo líving por un garage).
En nuestros derechos no tenemos catedrales, ni nada parecido. Digamos, con Böhmer, que tal vez creemos que tenemos unas Casas Chorizo. Hasta ahí, Nino podría estar de acuerdo, y plantear que la obra colectiva es sobre cómo hacer más funcional la casa chorizo. El punto que yo quiero hacer es que, en realidad, NI SIQUIERA, tenemos “CASAS CHORIZO”, sólo tenemos un montón de ladrillos, o menos aún, un terrenito con cosas arriba….Tal vez algunos querramos , poner un lindo bar retro, o un bar + un localcito de diseño, o armar un depósito, o una linda casa reciclada…(cualquiera que anduvo de compras por los outlets de villa crespo lo entiende)….

…POR ESO, volviendo al derecho, tal vez, A QUIENES SOMOS NINEANOS/DWRKINIANOS SE NOS PODRÍA TILDAR ADECUADAMENTE DE INGENUOS…(PORQUE ACTUARÍAMOS PRESUPONIENDO UN JUEGO, y uno en particular, QUE, EN NUESTROS PAÍSES, NO EXISTE)…(no es adecuada la crítica de ingenuos, ni de equivocados, por interpretar equivocadamente el juego, siendo que el juego es, por ejemplo, el del poder sobre los cuerpos….esa discusión ya presupone y confirma, en realidad, la adecuación teórica de la tesis interpretativa)

La lucha pues, es por convencer(nos) de que tratemos a ese montón de ladrillos como una catedral (o una casa chorizo, al menos). Que tratemos al derecho como una práctica colectiva en la que buscamos encontrar las mejores condiciones de legitimidad para el uso de la coerción estatal, consistentes con la idea de que nada es más valioso que el igual respeto por cada persona, como un igual.

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