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Relato de Roberto Gargarella sobre a fala de Owen Fiss na homenagem a Carlos Santiago Nino.

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18/10/2013

Declaración de amor a Owen Fiss

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Acaba de terminar el homenaje a Nino, con una gran sesión especial de discusión del último libro de Owen Fiss (The dictates of justice, es del 2011 y fue traducido al castellano en edición que apareciera hace pocos días). Lo de Fiss fue extraordinario, aunque nos tiene acostumbrados a ello (nunca olvidaré que el día que muriera Nino, él apareció a las pocas horas, luego de tomarse un avión urgente desde los Estados Unidos, para acompañarnos). Fiss es un ejemplo de dignidad moral que, a los 75 años, se angustia por el giro conservador tomado por el derecho de los Estados Unidos (en su declamada “lucha contra el terror”) y -ya retirado de la docencia activa- aborda con la convicción y el ímpetu de los primeros días una nueva línea de investigación, relacionada con el derecho internacional de los derechos humanos. Habla entonces y escribe, sobre  Guantánamo, sobre la tortura oficial, sobre la no condena a los oficiales comprometidos con las violaciones de derechos, y lo hace casi en soledad, frente a una academia jurídica habitualmente en silencio, una academia todavía impactada por el “September eleven”. Fiss no se toma el derecho como deporte, ni ve a la academia como un simple modo de ganar dinero: Fiss discute desde el interior del cuerpo, enojado con la justicia y con la política, molesto con el gobierno, ofendido personalmente con Obama, cuyo triunfo apoyara y celebrara como si fuera propio.
 
Y a los 75, también, Fiss defendió su trabajo en una sesión que se excedió largamente de lo programado, hasta alcanzar las tres horas (luego de su magistral presentación de ayer, luego de dos días más que intensos). En su presentación, Fiss dejó un tendal de observaciones polémicas: que los tribunales internacionales implican una “pérdida democrática”; que la “jurisdicción universal no es derecho” (“quién lo nombró al juez Garzón?”, le preguntó desafiante al presente Moreno Ocampo); que la tortura, practicada por los Estados Unidos, debe volver a su habitación de encierro; que él no celebraba las “virtudes pasivas” (el silencio elegido por los tribunales) que elogiaba Bickel, porque ellas tienen como contracara sus “vicios pasivos”, capaces de socavar la autoridad del tribunal; que el comportamiento estratégico de los jueces implica también la defección judicial respecto de sus deberes. 
 
Durante la maratón, Fiss discutió con cada uno de nosotros como lo hizo siempre: tomando a cada uno en serio; sin sobrar o mirar de arriba a ninguno; comprometido teóricamente con su escrito, y emocionalmente con cada palabra de lo que decía; derramando vocación docente; recibiendo cada pregunta como la primera, como la más importante, viniera de quien viniera (un profesor de su talla, un alumno recién egresado). Un orgullo haberlo tenido por acá otra vez: ejemplo del intelectual público, maestro, querido amigo.

(foto de una hermosa sesión sobre la filosofía penal de Nino, extendida al presente, con los amigos Filippini y Sabelli. Nino escuchando ahí en el fondo)

 
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